El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, partió este jueves hacia Francia para participar en la reunión de ministros de Exteriores del G7, en medio de discrepancias con sus aliados por su postura sobre la guerra en Irán.

Preguntado por la prensa antes de abordar el avión, el jefe de la diplomacia estadounidense aseguró que no le preocupa tener una fría recepción por parte de los representantes de Alemania, Canadá, Italia, el Reino Unido y Japón, con los que se reunirá.

«No trabajo para Francia, ni para Alemania, ni para Japón. Me llevo bien con todos ellos a nivel personal y trabajamos con esos Gobiernos. Pero a quienes me interesa hacer felices es a los estadounidenses. Trabajo para ellos», declaró.

Rubio se hizo eco de las críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, a sus aliados, especialmente a los de la OTAN, por haber rechazado su propuesta de formar una alianza para garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz.

Esa vía estratégica, por la que circula una quinta parte del petróleo mundial, ha sido bloqueada por Irán en represalia por la guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.

«A Estados Unidos se le pide constantemente que ayude en guerras, y lo hemos hecho. Pero cuando tuvimos la necesidad, no obtuvimos respuestas positivas de la OTAN. Algunos líderes dijeron que Irán no era la guerra de Europa. Pues bien, Ucrania no es nuestra guerra y, sin embargo, hemos contribuido a ese conflicto más que nadie», afirmó Rubio.

El secretario de Estado añadió que Estados Unidos casi no utiliza el estrecho de Ormuz y que es «el resto del mundo el que tiene un gran interés» en que se desbloquee.

La reunión ministerial de Exteriores del G7 comenzó este jueves la en la abadía de Vaux-de-Cernay, en las afueras de París, centrada en las guerras de Irán y de Ucrania.

Además de los ministros del G7, también asisten como invitados los jefes de las diplomacias de Ucrania, Arabia Saudí, Brasil, India y Corea del Sur.