La imparable globalización de la NBA quedará simbolizada en el Juego de las Estrellas del domingo, con un primer pulso entre talentos internacionales y estadounidenses muy esperado entre aficionados y jugadores.

La liga de básquet confía en que este nuevo formato ayude a revivir la magia del All Star Game, uno de los eventos que más ayudaron a popularizar la NBA a lo largo del planeta.

Sobre la pista del Intuit Dome, la cancha de Los Angeles Clippers, las 24 estrellas participantes se dividirán en tres combinados.

Dos de ellos estarán formados por jugadores estadounidenses y otro por internacionales, que competirán en un minitorneo de cuatro partidos de 12 minutos.

Medir fuerzas entre locales y extranjeros es el último experimento al que recurre la liga norteamericana para motivar a sus estrellas a competir y frenar el desplome de las audiencias de los últimos años.

La liga se planteó la idea de organizar directamente un partido entre Estados Unidos y el resto del Mundo, demandado por astros como el francés Victor Wembanyama (Spurs).

Finalmente la NBA consideró que el equilibrio actual no lo permite, ya que los jugadores estadounidenses siguen acaparando alrededor del 70% de las plantillas.

Esta cifra, sin embargo, no refleja la influencia de las superestrellas extranjeras, principalmente europeas, sobre el básquet estadounidense, preocupado por saber quién tomará la bandera cuando falten LeBron James, Stephen Curry o Kevin Durant.