Cuando la silla de San Pedro queda vacante —ya sea por fallecimiento o renuncia del pontífice— el mundo católico dirige su atención al cónclave, el proceso solemne mediante el cual se elige al nuevo papa. Esta tradición, que ha evolucionado a lo largo de siglos, sigue siendo uno de los eventos más enigmáticos y seguidos del Vaticano. A continuación, lo que debe saber:

¿Qué es un cónclave?

El cónclave es una reunión secreta del Colegio de Cardenales encargada de elegir al próximo líder de la Iglesia Católica. La palabra «cónclave» proviene del latín cum clave, que significa “con llave”, haciendo referencia al encierro estricto bajo el que se lleva a cabo.

¿Quiénes participan?

Participan todos los cardenales menores de 80 años. Actualmente, suelen ser entre 100 y 130. Aunque cualquier varón bautizado puede ser elegido papa, en la práctica siempre ha sido un cardenal.

¿Dónde se realiza?

El cónclave tiene lugar en la Capilla Sixtina, dentro del Vaticano. Los cardenales electores son aislados del mundo exterior hasta que se elige un nuevo papa, sin acceso a medios de comunicación ni contacto con el exterior.

¿Cómo es el proceso de votación?

La elección se realiza mediante votación secreta. Se necesitan dos tercios de los votos para que un candidato sea elegido. Si no se alcanza esa mayoría, se realizan hasta cuatro votaciones diarias (dos por la mañana y dos por la tarde).

Después de cada ronda, las papeletas son quemadas en una estufa especial:

  • Si no hay papa, se añade un químico que produce humo negro.
  • Si hay un nuevo pontífice, el humo será blanco, señal inequívoca para los fieles de que el proceso ha concluido.

¿Qué pasa cuando hay un nuevo papa?

Una vez elegido, si el candidato acepta, se le pregunta: «¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?» y, si responde afirmativamente, se le pide que elija su nombre papal. Luego, el nuevo papa es presentado al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro con el tradicional anuncio: “Habemus Papam”.

¿Qué impacto tiene la elección?

El nuevo papa no solo será líder espiritual de más de 1,300 millones de católicos, sino también una figura influyente en el escenario global, con impacto en temas sociales, éticos, ambientales y políticos.